Recuperar la estrategia del Che

Discurso del MTR en el SEMINARIO GUEVARISTA INTERNACIONAL.



El Movimiento Teresa Rodríguez (MTR) tiene 11 años de vida. Fue de los primeros en ganar las rutas contra el hambre y la desocupación.
Hoy tiene presencia en Chaco, Santa Fe, en prácticamente todos los municipios del Gran Bs. As. y Capital Federal. Organizamos unas 1600 familias en 43 cabildos barriales; 40 comedores y 65 merenderos.
Cientos de personas aprendieron a leer en nuestros locales con el método del “Yo Sí Puedo”, y otros tantos se curaron de la vista en operaciones en Cuba o en Bolivia.
Nuestras Cooperativas construyeron viviendas para familias del Movimiento así como para vecinos; colocamos la red de agua potable para una población de 7 mil personas. Contamos con un taller textil, criadero de cerdos y numerosos roperitos. Un Centro de Salud con atención médica, electrocardiógrafo y Farmacia que da soluciones no sólo a compañeras/os del MTR sino a todo un barrio, adonde asiste más gente que al propio centro de salud estatal.
Además, en nuestros barrios desarrollamos la lucha contra el aumento del transporte, la electricidad; por la educación y la mejora de los hospitales públicos, como la de estos últimos días en el Fiorito y en el Hospital de Guernica, y como ayer -liberando los molinetes los molinetes en Constitución- nos sumamos a la campaña contra el tren bala y por un tren digno para todos. Desarrollamos multisectoriales, juntas vecinales y alcanzamos influencia de algunas Sociedades de Fomento, Clubes de Barrio y Cooperadoras Escolares.
Además, somos fundadores e integrantes del Bloque Piquetero Nacional junto a otras 6 agrupaciones de desocupados.
Este año comenzamos a organizar el trabajo en estudiantil, en ocupados y entre la juventud.
Todo lo conseguido, material y políticamente, en estos 11 años fueron en lucha contra el Estado y contra diversas corrientes políticas, muchas de ellas hermanas.
Y si bien estamos orgullosos de todo ello, del aporte de miles de compañeras/os anónimos para hacer realidad este sueño, nuestro anhelo central, la razón de ser, sigue siendo la lucha por la construcción de la organización revolucionaria que posibilite a nuestra clase la lucha por el Poder.
Rescatamos el guevarismo como la expresión más rica y diáfana del leninismo en estas tierras. Pero rescatar a Guevara es pararse como él sin ningún tipo de dogmatismo, sin ningún tipo de prejuicio frente a la situación concreta, tal cual un auténtico marxista.
En ese sentido consideramos cardinal un balance de los últimos 91 años de lucha revolucionaria, que dé cuenta de los éxitos, aciertos o de los errores más allá de los triunfos o las derrotas.
Y para no irnos en generalidades (algo alejado sin duda del Che), planteamos la necesidad crucial de la construcción de un partido revolucionario continental. El esfuerzo puesto junto a los compañeros del MRO de Uruguay y otras organizaciones latinoamericanas en la construcción del Encuentro Guevarista apunta en este sentido.
No basta con la mera coordinación, si bien se puede -y se debe casi inexorablemente- comenzar por allí.
Es necesaria la conciencia de una estrategia única, donde los destacamentos nacionales son eso: una parte del todo, de un todo único, con una dirección única. Tal cual el enemigo que afrontamos, y tal cual el proyecto liberador de los revolucionarios del siglo XIX y que el mismo Che insinuara en el “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”.
Esa estrategia única debe revalorizar la teoría leninista del imperialismo, reconociendo que es muy posible que la revolución se inicie -y hasta avance- en países menos desarrollados en términos capitalistas, pero sabiendo que el triunfo de esas revoluciones depende del triunfo de la revolución en los países capitalistas más avanzados de la región: Méjico, Brasil y Argentina.
El actual estado de la revolución cubana, como lo sucedido en la URSS, China o Viet Nam, sólo puede ser entendido si se analiza a la luz de este parámetro. Cualquier otro tipo de análisis sólo conduce a posiciones derrotistas o explicaciones conspirativas con el riesgo de estar dando vuelta como en una noria.
Esto implica reconocer abiertamente la centralidad de la clase obrera como sujeto revolucionario al tiempo que ubicar en el lugar adecuado -con su importancia y sus límites- a la llamada vía campesina, como a las posturas que niegan dicha centralidad como la de su organización de vanguardia: el partido revolucionario.

Entonces, la construcción de la organización revolucionaria en Argentina significa, al menos para nosotros, poner en el tapete la cuestión del continentalismo, la centralidad de la clase obrera, el tipo de revolución ( socialista y antiimperialista), la vocación de poder y el desarrollo de un Movimiento Político de masas. Y cuando decimos esto no estamos planteando la mera coordinación sindical o social, que está bien que exista, sino un accionar en la esfera netamente política, es decir, en lucha contra el Estado como contra las clases enemigas.
Somos muchísimos los que pensamos así, sin embargo estamos todas y todos fragmentados. Cada uno con nuestra porción de la verdad y con nuestras propias síntesis.
Excepto que creamos que todos -o varios- deben subordinarse a nosotros, no hay otro camino que pensar en un Frente de agrupaciones, donde los más afines vayan constituyendo -al interior de ese gran Movimiento- organizaciones superiores a la de sus orígenes.
Este Frente/Movimiento nos permitiría sentar las bases de una inteligencia común, un ámbito donde sintetizar en forma colectiva las distintas experiencias y prácticas sin renegar de nuestras identidades hoy.
Todo esto posibilitaría potenciar la militancia en los distintos ámbitos: ocupados, desocupados, estudiantil, juventud, de la cultura, de género, etc.; pero, fundamentalmente, crear un foco de ideas, como en su tiempo lo fueran revistas como Cristianismo y Revolución, América en Armas o el mismo diario La Opinión.
Un espacio así es muy factible que pueda concitar lo mejor de la intelectualidad revolucionaria, tanto la conocida (que es muy escasa) como la de centenares de jóvenes que no tienen donde expresar sus aportes.
Todos/as repetimos la frase de Fidel sobre la batalla de ideas; pero es poco o nada lo que hacemos al respecto. Todas nuestras agrupaciones cuentan con pequeñas publicaciones, varias con radios comunitarias, y algún otro tipo de elementos de propaganda. Pero todo está disperso, descentralizado y algunas veces hasta superponiéndose innecesariamente.
Todas y todos somos protagonistas de uno u otro hecho de resistencia al Capital, pero descoordinado y en distintos tiempo, como si nos sobraran las fuerzas.
Lo más peligroso es que hay quienes defienden el derecho político a la individualidad, anteponiendo su trabajo local a la construcción de una política revolucionaria general. Quizás suponiendo que lo universal es la simple suma de las partes.

Y todo esto, ¿en que marco? En el marco de que la crisis crónica del capitalismo dependiente argentino se encuentra inmersa en una “nueva”crisis del capitalismo que amenaza ser una de las más potentes desde hace décadas. Ningún teórico de la burguesía la niega ya, sino que sólo debaten acerca del alcance. De si será sólo una recesión, una recesión con inflación o una depresión. Incluso de ser esto último algunos ensayan supuestos de si será igual o peor que la de 1929/30
Hay numerosos países donde se han producido -y producen- continuas revueltas por hambre. La muerte por hambre amenaza a la mitad de la humanidad. Hace horas en el marco de la FAO los gobiernos capitalistas no se han puesto de acuerdo sobre la cuestión alimentaria, desnudando las crecientes tensiones y diferencias.
Nuestro propio país está viviendo la manifestación de esa crisis, alimentada por la especulación financiera con los alimentos, lo que está creando una nueva burbuja, que tarde o temprano también ha de estallar.
Ojalá que el pico de esta crisis demore al menos dos años en manifestarse, porque si lo hace ahora nos encontrará en casi las mismas condiciones que en el 2001.
Por eso, urge debatir formas organizativas que permitan potenciar nuestras fuerzas, comenzando por ser concientes de que estamos parados sobre un volcán.
La cultura proletaria jamás se opuso al disenso, al debate. Todo lo contrario. Y también el pensamiento y la práctica del Che puede ayudarnos mucho. Cuando en Cuba se dio el debate entre los que sostenían las ideas de la planificación sustentada en financiamiento presupuestario y los que defendían la propuesta rusa del cálculo económico.
El debate profundo, de gran altura intelectual y respetuoso, en el que se jugaron -y jugaban- grandes definiciones para la clase obrera, fue posible en un marco que no significó un rompimiento para el PC cubano, aunque no todos sus miembros sostenían las mismas posiciones.
Entonces, ¿es descabellado apoyarnos en aquella experiencia para avanzar más rápidamente en la reconstrucción revolucionaria aquí y en Latinoamérica?
Hoy debemos hacer el esfuerzo supremo de entender que nuestras diferencias no significan que fulano sea traidor o reformista o todos esos rótulos a los que somos tan afectos. Porque sucede más de una vez que si bien desacordamos en alguna cuestión, en otras, y no sólo de orden táctico, coincidimos y actuamos conjuntamente. Entonces, quizás uno de los mejores homenajes consista hoy en el compromiso de superar nuestros sectarismos y dar pasos reales a la conformación de la organización que los tiempos reclaman y a una mujer y un hombre nuevos también en este aspecto.

Buenos Aires,7 de junio de 2008