¿Se pueden enjaular los sueños? ¿Y domesticarlos? (A propósito de «Cero a la izquierda. Una biografía de Jorge Zabalza» de Federico Leicht)

¿Los Tupamaros en el gobierno de Uruguay? ¿A favor del capitalismo y defendiendo a las empresas multinacionales? Esta biografía de Jorge Zabalza, dirigente histórico del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T, la guerrilla guevarista encabezada en Uruguay por Raúl Sendic) intenta responder esas preguntas. Zabalza es uno de los célebres nueve dirigentes insurgentes que fueron capturados y permanecieron rehenes durante once años de la dictadura militar.



¿Se pueden enjaular los sueños?
¿Y domesticarlos?

A propósito de
Cero a la izquierda
Una biografía de Jorge Zabalza

[Montevideo, Letraeñe Ediciones, 2007]

No entendemos nada. ¿Los Tupamaros en el gobierno? ¿A favor del capitalismo? ¿Defendiendo a las empresas multinacionales? ¿Promoviendo el perdón para los militares asesinos del pueblo uruguayo? Es cierto. Lo reconocemos. No entendemos nada. Tal vez no seamos los únicos…
Para todos aquellos que, como a nosotros, les cuesta entender, nada mejor que leer este libro. Sí, es una biografía, pero es muchísimo más que eso.
Se trata de la biografía de Jorge Zabalza, dirigente histórico del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), la guerrilla guevarista encabezada en Uruguay por Raúl Sendic.
Zabalza es uno de los célebres nueve dirigentes insurgentes (entre los que estaba Sendic) que fueron capturados y permanecieron rehenes durante once años de la dictadura militar.
Aunque ya había publicado cuatro libros propios (El Tejazo y otras insurrecciones; La estaca; El miedo a la democracia y Lo viejo y sabido), con este nuevo libro —escrito por Federico Leicht, el joven periodista que lo entrevistó— Zabalza rompe el silencio.
Rememora, recuerda, relata y cuenta, pero no para hundir, enlodar, delatar, pedir perdón y sentenciar con el dedo “ese no es el camino”. De ningún modo. El jefe guerrillero habla, revela intimidades políticas, ventila secretos celosamente guardados, recupera clandestinidades y conspiraciones no siempre conocidas. Su finalidad apunta a contar la historia de los Tupamaros “no como un cuento de hadas”.
Alguien podría acusarlo de indiscreto. Sin embargo, nada más lejos del libro de Zabalza que El oro de Moscú, aquel bodoque mercantil donde un antiguo militante del PC argentino, estrechísimamente ligado al mundo de la Unión Soviética y sus aparatos de inteligencia (KGB), comenzó en los años ’90 a ventilar antiguos secretos (“las armas las pasábamos por aquella vía…”, “el dinero lo obteníamos de la siguiente manera…”) para recibir carta de ciudadanía y aceptación en el mundo burgués. No es el camino de Zabalza. Cuando el dirigente tupamaro de Uruguay revela secretos lo hace persiguiendo un objetivo totalmente opuesto. Con su polémica se propone denunciar e impugnar la adaptación del MLN y de la dirigencia histórica de Tupamaros al orden capitalista y dependiente de Uruguay y a la lógica institucional del Frente Amplio (FA).
¿De qué nos habla su libro? Del proceso de formación de la conciencia revolucionaria, no en “el hombre” en general, sino en un individuo de carne y hueso, cuya historia personal condensa gran parte de la historia política y las rebeldías de toda una generación. En páginas ágiles, llevaderas y a veces hasta divertidas —por lo menos, antes de la etapa de la tortura— el joven periodista y escritor Federico Leicht nos va llevando de la mano por mil estaciones de un viaje donde se encruzan los avatares singulares de Jorge Zabalza con la experiencia de todo un segmento de la izquierda uruguaya.
Por allí desfilan la bohemia juvenil, el departamento-bulín (que tenía 17 juegos de llaves repartidos por Montevideo…) de fiestas y parrandas, el alcohol, los amores, las luchas estudiantiles, una experiencia en un kibutz de Israel habiendo incursionado en la izquierda marxista judía de Uruguay (a través del grupo Hashomer Hatzaír [Guardia Joven] que llevaba el nombre del guerrillero socialista judío que encabezó el combate contra los nazis en el guetto de Varsovia), la estancia en París (donde trabajó cargando cajones en el mercado de Les Halles), el regreso a Uruguay, un primer intento fallido de ingresar al Movimiento de Liberación Nacional-MLN Tupamaros, el entrenamiento militar en la Cuba revolucionaria de los años ’60 (a través de los contactos del Movimiento Revolucionario Oriental-MRO), nuevamente el regreso a Uruguay y, ahora sí, el ingreso efectivo en el MLN.
Allí aparece en escena Raúl Sendic y el primer contacto de Zabalza con él. Luego, los primeros experimentos guerrilleros urbanos y también rurales, las clandestinidades, la militancia política y la captura a manos de la represión militar. Entonces nos cuenta la fuga célebre del penal de Punta Carretas (junto a otros 110 guerrilleros), el reintegro a la lucha político-militar hasta la nueva captura.
En ese instante empieza el infierno. La tremenda crueldad, no de un militar aislado sino de todo un sistema de represión sin el cual América latina viviría de otra forma. A diferencia de las dictaduras militares de Argentina o Chile, la dictadura uruguaya mantuvo a la dirección histórica de la insurgencia del MLN-Tupamaros como rehenes. Nueve dirigentes repartidos en diversos cuarteles, rotando a lo largo de las guarniciones militares.
Al recorrer de la mano de Jorge Zabalza y Federico Leicht los once años de aislamiento y encierro en una jaula (con luz eléctrica las 24 horas), sin poder hablar con nadie ni hacer gimnasia, las torturas, los castigos, el verdugueo, al lector le surgen dos preguntas inequívocas. Una hacia el pasado, otra hacia el futuro.
La primera sería la siguiente: “¿Cómo los dirigentes guerrilleros, rehenes de la dictadura militar uruguaya, no se volvieron locos?”. Al planteársela coloquialmente al compañero y amigo Zabalza, éste no duda un segundo en responder: “¡Lo que sucede es que sí, efectivamente, nos volvimos locos! ¡Estábamos locos!”. Y sin embargo, luego de años y años de aislamiento, tortura y tormentos, el volver a estar entre compañeros y compañeras, el reencontrarse en el seno del pueblo, la recuperación de los afectos, los hijos, los amores, los amigos, los compañeros sobrevivientes permite superar ese estado de locura al que los represores y torturadores militares quisieron llevar para siempre a los dirigentes revolucionarios.
La segunda pregunta podría resumirse así: “Ellos, los perros guardianes del poder, jamás nos tuvieron lástima ni clemencia. ¿Vamos a tenerla nosotros con ellos?”. No resulta casual que el Che Guevara, quien algo sabía de estas cuestiones, luego de meditar mucho escribió “Un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.
En todo ese itinerario, la curva de variación de la experiencia de vida de Zabalza rompe la trayectoria habitual de aquellos que se suben al caballo por la izquierda y se bajan por la derecha. Es decir de aquellos que nacen en una cuna de oro, incursionan en la rebeldía (incluso en las más radicales) para terminar institucionalizados o administrando las propiedades de papá. En el caso de este dirigente tupamaro, nacido en una familia acomodada e hijo de un senador del Partido Nacional de Uruguay, esa trayectoria se desdibuja, se pierde y adopta otros rumbos. En lugar de transitar por la ruptura familiar (como tantos otros rebeldes de la década del 60 y el ’70) para culminar incorporados a un ministerio, a un despacho, con dos secretarias, un automóvil carísimo, relojes de oro, trajes, el ceño fruncido y el cinismo a flor de piel… Zabalza llega a la madurez viviendo en un barrio popular de Montevideo, trabajando en una carnicería e impugnando a toda la clase política uruguaya, especialmente a los antiguos revolucionarios que hoy viven de las glorias del pasado, lustrando sus medallas guevaristas oxidadas y administrando mansamente el capitalismo que otrora supieron combatir. (Cualquier parecido con casos similares de Argentina… no es pura casualidad).
El libro, sumamente polémico, tiene un doble destinatario. Su mensaje es muy claro en ese aspecto.
Por un lado, se dirige a los antiguos dirigentes guerrilleros uruguayos. Con esas revelaciones Zabalza pone en una encrucijada a Pepe Mujica, a Eleuterio Fernández Huidobro y a otros connotados ex tupamaros que hoy dirigen la política en Uruguay. Zabalza los pone en un brete y los arrincona contra la pared: o se hacen cargo de esa historia de insurgencias, conspiraciones e insurrecciones (que se prolongan hasta mediados de los años ’90) o reniegan de la historia.
Por otro lado, Zabalza interpela a la juventud, a las nuevas camadas de revolucionarios que comienzan a foguearse hoy en la lucha callejera, el mundo estudiantil, la militancia sindical y territorial. Zabalza le dice a este segmento algo sencillo, transparente y sin ambigüedades: Rebelarse es legítimo y vale la pena. ¿No era ese, precisamente, el corazón del pensamiento marxista que tanta vida institucional termina triturando en el mundo contemporáneo? ¿No era ese, justamente, el núcleo de rebeldía radical que enseñaron tanto Lenin como el Che Guevara y que tantos posmodernos hoy intentan desprestigiar y ensuciar? Este elogio de la rebeldía no surge de un adolescente inexperto e inmaduro sino de un militante experimentado, marcado por mil batallas, dolores y alegrías, en los recuerdos y en el cuerpo.
Si la primera mitad del libro resulta la más impactante para los lectores de una generación posterior a la de Zabalza (porque allí se retrata la historia heroica y legendaria de los Tupamaros), la segunda mitad posee un poder de impacto no menos contundente. Esto se explica porque allí aparece la historia más reciente del MLN en tiempos de “capitalismo democrático y nacional a la uruguaya”, esto es, desde 1984 hasta la actualidad. Un cuarto de siglo de vida republicana y constitucional que terminó de realizar la tarea que los militares no llegaron a completar: la neutralización, la institucionalización y, finalmente, la cooptación de gran parte de la izquierda uruguaya. No sólo del progresismo tradicional del Frente Amplio sino también, y principalmente, del movimiento tupamaro.
En este último rubro, Zabalza muestra con hechos concretos, hasta ahora desconocidos, que en el MLN-Tupamaros convivían dos perspectivas de fondo: la revolucionaria e institucional y la “pragmática” y posibilista que terminó predominando con dirigentes políticos renombrados como Fernández Huidobro o Mujica. Esas revelaciones del libro Cero a la izquierda son tan importantes que la semana pasada (noviembre 2007) motivaron, por ejemplo, una batahola (con trompadas y empujones generalizados) en el parlamento uruguayo, a la vista de todo el mundo.
De cualquier modo, más allá de las múltiples anécdotas y los relatos históricos, lo que el testimonio de Zabalza aporta es una enseñanza mucho más general. No estamos predeterminados de antemano. “Cambiaron los hábitos de comida y la forma de vestir. Nuestras manos y nuestros olores cambiaron. Suicidio total. Somos otros”, reconoce este antiguo hijo de la burguesía que emprendió una ruptura radical con ese mundo fácil y vacío que lo vio nacer. Para ello puso en juego su vida a lo largo de décadas y hoy, desde un barrio popular y una carnicería, continúa batallando contra ese mundo burgués, injusto, sucio, mugriento. ¿Es, acaso, una trayectoria muy distinta a la que experimentó el joven Ernesto Guevara? ¿Y Mario Roberto Santucho?
¡Sí!, se puede vivir de otra manera. La rebelión es posible, es deseable, es necesaria. La creación de mujeres y hombres nuevos no es una locura. Ni la tortura, ni las jaulas, ni el aislamiento podrán aplastar ese sueño cotidiano. De eso, tan sencillo, tan simple, tan terrenal y sin embargo poético, habla este libro.