¡Nos sentimos y somos latinoamericanistas! Balance provisorio y nuevas tareas (Brigada Internacional de Solidaridad con los pueblos de Bolivia)

Nos volvemos de Bolivia (físicamente, aunque el corazón permanece allí) sabiendo que nuestro destino es más que nunca América Latina. Está naciendo una nueva generación internacionalista de revolucionarios guevaristas. Se está forjando poco a poco y con los pies en el barro. Lentamente van sedimentando las enseñanzas y va surgiendo una nueva mística militante que ya no se deja seducir, cooptar ni fagocitar por los dinerillos estatales. Comienza a nacer una nueva camada de revolucionarios con un desafío inmenso por delante.



¡Ya era hora! Estamos enterrando el escepticismo, la pasividad y la resignación. Tres virus mugrientos y miserables que nos inocularon en los años ’90. “No se puede” era la consigna de aquellos tiempos mediocres, de algún modo deudores del famoso slogan neoliberal “no hay alternativa” que se popularizó durante los años ’80.
Sí, se puede. Sí, hay alternativa. Lo demostramos en la práctica. Con hechos concretos y palpables al alcance de la mano. Uniendo lo que se dice con lo que se hace, lo que se piensa con lo que se siente.
Desde hace tiempo con el Colectivo AMAUTA de Argentina trabajamos en la villa del Bajo Flores [barrio popular y periférico de la capital donde habitan inmensas masas de trabajadores argentinos e inmigrantes de países limítrofes] con nuestros hermanos bolivianos de la Asamblea Popular y Originaria Carlos Coro Mayta. Organizamos ciclos de cine popular en el barrio, articulamos jornadas de discusión y debate político, compartimos cursos de formación.
En coherencia con ese trabajo de hormiga, microscópico pero sistemático y a largo plazo (trabajo militante, no rentado ni atado a ningún ministerio…), abrimos entonces este año con una propuesta aparentemente “delirante”, “adolescente”, “irreal”, “imposible”… ¡Marchar en una Brigada Internacional a Bolivia a poner el cuerpo en solidaridad con los pueblos hermanos! No ir a las zonas seguras, sino a la boca del lobo, la cuna de la serpiente, donde se incuban los huevos de la derecha racista, violenta y salvaje: Santa Cruz de la Sierra, capital de la tristemente célebre medialuna. Corazón del accionar de la CIA, los mormones y la USAID.
Poner el cuerpo. No sólo pegar carteles. No sólo repartir volantes. No sólo cantar canciones o recitar poemas. Poner el cuerpo. De eso se trata. Como nos enseñó Ernesto Guevara. “No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte”.
Lo hicimos. Desde el Colectivo AMAUTA y la Asamblea Popular y Originaria Carlos Coro Mayta (junto con compañeros de otras organizaciones que se sumaron a la propuesta) logramos concretar ese sueño compartido de solidaridad militante.
Sin dinero de ninguna institución, viajando por nuestros propios medios en jornadas larguísimas en autobuses que se rompían a cada rato, durmiendo en el suelo, en galpones, en escuelas, en gimnasios, comiendo (lo que hay) en ollas comunitarias, sin baños, compartiendo la misma vida con la gente del pueblo, nuestra gente, nosotros mismos.
Lo hicimos. Sí, se puede. Producimos un hecho político y masivo en el terreno mismo de la extrema derecha más salvaje, más bestial, más racista. Logramos aglutinar compañeros y compañeras de delegaciones hermanas de Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay, Perú y Argentina. Todos unidos para apoyar al pueblo boliviano, en un escenario latinoamericano donde la lucha de clases se cocina a fuego encendido y dando leña. Lo hicimos. Le gritamos a la derecha fascista en la cara y en su misma cuna que no le tenemos miedo, que todo el pueblo de Bolivia y principalmente los pueblos originarios no están solos. Y se lo dijimos acompañados por el Che. En las pancartas, en los cantitos, en todas las actividades. El Che. Un futuro para Bolivia y para toda América Latina. El Che. Es decir: revolución socialista o caricatura de revolución.
Y lo concretamos con lucidez política. Sin caer entrampados en ninguna propuesta oficialista ni tampoco en el infantilismo de quienes equiparan al proceso boliviano con los gobiernos de Cristina Kirchner, Lula, Tabaré o Bachelet. Organizamos un acto político popular y masivo donde convergieron, por iniciativa nuestra, desde las corrientes más izquierdistas del MAS hasta la izquierda más radical, ajena al gobierno, de Patria Insurgente, incluyendo al mismo tiempo a numerosas organizaciones indígenas de los pueblos originarios, junto con delegaciones latinoamericanas.
Convergencia organizativa que tuvo un claro contenido político encaminado a dar la disputa estratégica por la hegemonía socialista, anticapitalista y antimperialista, al interior del proceso social de cambios que hoy vive Bolivia. Disputa por la hegemonía que implica eludir tanto el fácil oficialismo de los turistas “progres” que aplauden cualquier cosa —como por ejemplo las concesiones jurídicas a la derecha en el tema de las tierras y los latifundios— como el esquematismo seudo marxista que con grandes frases altisonantes y citas traídas de los pelos termina aplanando los matices e impidiendo disputar opciones políticas por cambios radicales. Para nosotros José Carlos Mariátegui, Lenin, Antonio Gramsci y el Che Guevara no son camisetas ni cómodas citas de catecismo.
Esos fueron el contenido y la actividad central de la Brigada. Pero no fueron los únicos. También participamos en un encuentro político con numerosas delegaciones latinoamericanas en La Paz convocado por Patria Insurgente - Sol para Bolivia donde se discutió el problema fundamental de toda revolución: el Poder y la estrategia para nuestra América irredenta. Como parte de ese encuentro, agitado, plural, muy discutido y bastante acalorado, entablamos vínculos fraternales con el naciente Ejército de Liberación Indígena Tupak Katari-Bartolina Sisa, organización política que solicitó al Colectivo Amauta tareas de formación.
Al mismo tiempo y en forma paralela a estas actividades pudimos entrevistar a dirigentes indígenas, campesinos, mineros y de barrios populares en diversas ciudades y pueblos (así como también a médicos cubanos internacionalistas en Bolivia), produciendo un material que utilizaremos para la formación política durante todo este año de trabajo que tenemos por delante. ¡Hay tareas! Y las sabremos cumplir.
Nos volvemos de Bolivia (físicamente, aunque el corazón permanece allí) sabiendo que nuestro destino es más que nunca América Latina. ¡Basta de obnubilarse y dejar caer la mandíbula como niños ingenuos con el Mayo francés! Aprendamos un poquito más de las luchas, rebeliones y revoluciones de nuestros pueblos indoamericanos, infinitamente más radicales y profundos que los mitos coloniales y universitarios repetidos hasta el hastío.
Está naciendo una nueva generación internacionalista de revolucionarios guevaristas. Se está forjando poco a poco y con los pies en el barro. Algunas veces con dificultades, otras con vacilaciones. Pero lentamente van sedimentando las enseñanzas y va surgiendo una nueva mística militante que ya no se deja seducir, cooptar ni fagocitar por los dinerillos estatales. Comienza a nacer una nueva camada de revolucionarios con un desafío inmenso por delante. Estamos aprendiendo en carne propia que la nostalgia por los “gloriosos años ’60 y ‘70” debe quedar en el cajón de los escritorios de los funcionarios. ¡Basta de llorar por el pasado! Hoy hay nuevas tareas y hay que asumirlas. Debemos apretar el acelerador, sin perder la mirada crítica. Pesimismo de la inteligencia pero optimismo de la voluntad. La Brigada Internacional de Solidaridad con los pueblos de Bolivia cumplió su tarea. Habrá otras.