De la mano invisible del mercado al corazón de los empresarios

En ciertos círculos, algunas ONG(s) y organizaciones políticas progresistas, esta muy extendida la idea de que la causa del “trabajo esclavo” en la industria de la indumentaria de la Argentina es a causa de la “irresponsabilidad” de empresas-marcas (neologismo para referirse a empresas con marcas conocidas). Se argumento que la cadena de valor del sector indumentaria es de mala calidad, porque utiliza mano de obra de obra inmigrante en condiciones de alta precariedad e informalidad con la complicidad de patrones esclavistas en talleres subcontratados.



Esta precariedad e informalidad es esclavista porque viola los derechos humanos de los inmigrantes ( “reducción a servidumbre” o “trata de personas”).

Para lograr que estas empresas “irresponsables” se tornen “responsables”, proponen una estrategia de “Responsabilidad Social Empresarial” (RSE con mayúsculas). Desde nuestro punto de vista esta posición escamotea el carácter capitalista neoliberal de esta explotación, cuyas bases estructurales se mantienen intactas y la campaña RSE es el espantajo que se utiliza para encubrir las verdaderas causas del estereotipado “trabajo esclavo”.

El paradigma neoliberal fue la respuesta política y económica a otro paradigma del capitalismo, el del estado (keynesiano o de bienestar). Con una premisa fundamental: “menos Estado y más mercado”. Las recetas neoliberales, en mayor o menor grado, se fueron aplicando a lo largo del continente americano en los ochenta y noventa. El resultado no se hizo esperar para los trabajadores: flexibilización laboral, reducción de salarios y pérdidas de conquistas históricas. Los Estados comenzaron a trasladar su responsabilidad al mercado, las restricciones administrativas y el control social se debilitaron, la responsabilidad social pública comenzó a desaparecer, en fin, la regulación estatal pasó a manos de las empresas transnacionales. Se entró en la época del llamado “capitalismo salvaje”, donde todo fue posible para no limitar la ganancia empresarial.

El empobrecimiento de vastos sectores, la migración como fuga de la pobreza alcanzó niveles extraordinarios. La paciencia popular comenzó a explotar a niveles tales que el advenimiento del siglo XXI fue acompañado por grandes rebeliones populares que echaron abajo a gobiernos neoliberales: Sánchez de Losada en Bolivia, De la Rua en la Argentina.

Los pecadores fueron echados, el pecado sigue haciendo escándalos. Hace más de un año atrás un trágico incendio de un taller textil en la calle Luis Viale, de la ciudad de Buenos Aires, donde mueren seis personas (jóvenes y niños) de nacionalidad boliviana, se constituyó en el caso emblemático del holocausto social que ilumina y visibiliza el rostro de la precarización laboral, la consecuencia más visible de las recetas neoliberales. Todos los argumentos a favor de otros culpables comienzan a fallar: el estado interventor, la inferioridad de las razas, la falta de políticas de ajuste, la corrupción de los gobernantes, etc. Pero aún quedan coartadas, la de “trabajo esclavo” por ejemplo.

Trabajo esclavo como sinónimo de precarización laboral de trabajadores inmigrantes conlleva un peligro: el de encubrir una realidad social que paradójicamente se busca denunciar, ¿A qué nos referimos? Que, en el tratamiento mediático del fenómeno de la inmigración boliviana, aún cuando se trata de cuestiones del mundo laboral, los medios construyen el mundo social de los inmigrantes en el campo delictual. Esta operación, que podemos calificar de ideológica, se lo efectúa siguiendo un determinado patrón, donde la explotación –laboral- trata de casos aislados; los que explotan son otros inmigrantes del mismo origen del que sufre la explotación, o de origen “asiático” y: que esta explotación solo tiene eixistencia como violación, por distintas vías, de las leyes argentinas(1).

En medio de este cuestionamiento a las verdaderas causas de la precarización laboral, irrumpe el discurso de la responsabilidad social empresarial en boca de algunas ONGs. El gobierno argentino se hace eco de esta prédica e instituye desde hace unos meses una “certificación de comportamiento socialmente responsable” para las empresas que demuestren estar libres de trabajo esclavo, a cargo del INTI (Instituto nacional de Tecnología), con resultados dudosos hasta la fecha(2).

Según sus apologistas, la RSE es la que concilia los intereses de la empresa con valores y demandas sociales, basadas en una decisión voluntaria empresarial y de ninguna manera impuesta. Cualquier empresa o corporación debería –dicen- manejarse con criterios ciertamente económicos pero sin descuidar los valores sociales de la sociedad en su conjunto. Un comportamiento ético y no solo explotación o enriquecimiento rápido o desmedido, es lo que se proponen. Lo anterior, redundaría en aumentar el valor de la gestión empresarial y la posición competitiva y les daría sostenibilidad para sus operaciones que son normalmente de largo plazo.

La responsabilidad social empresarial - que comenzó a imponerse en el mundo a fines de los ‘90 en medio de crecientes preocupaciones sobre la globalización y la presión tanto de ONG ambientalistas como de organizaciones de consumidores- , apunta a que el rol social de las compañías no se agota en la generación de riqueza y la creación de empleo. Es la última generación de una familia de términos como filantropía, desarrollo sustentable, ética empresarial y ciudadanía corporativa, y que los engloba.

Queda la duda de si es una moda que idearon las grandes corporaciones para lavar su imagen o puro marketing, mucho más si se da cuenta que este tipo de iniciativas en todo el mundo están siendo promovidas por los propios empresarios, quienes financian fundaciones para difundirla. Una ejemplo, de entre otros, es Empresa, una alianza hemisférica de organizaciones empresariales en las Américas que apoya el establecimiento de estas organizaciones en los países que aún no cuentan con ellas. Como informa el periódico conservador El Mercurio de Chile (23-11-2003), Empresa se creó hace seis años en Miami, a la fecha cuenta con 12 asociados y está a cargo del chileno Erwin Hahn. Financiada con un millón de dólares del BID y otros US$ 400.000 de otras organizaciones internacionales para trabajar un proyecto piloto durante tres años con cuatro de sus miembros: Acción Empresarial de Chile, Perú 2001, Instituto Ethos de Brasil y Fundemas de El Salvador(3).

Según el mismo artículo periodístico, a nivel mundial, en los tres últimos años ha habido una proliferación de reportes sociales, acerca de los resultados de la R S E en el mundo, al punto que ameritó un artículo en el Financial Times, donde humorísticamente los clasificaron en cuatro categorías: Parte de las publicaciones recibió el rótulo de haraganes (informan poco o nada sobre su impacto); otro porcentaje calificó de nerd (los eternos que nadie lee); la mayoría entra en el tipo “cosmético” (buena presentación, muchas fotos y poca sustancia). Los menos fueron los “virtuosos” (entendibles y creíbles).

Pocos “virtuosos”. Muchos “cosméticos”. El resto “haraganes” “y “nerds”.. Poquísimas empresas que responden al llamado de la RSE en el sector de la manufactura textil de la Argentina (todas pymes, ninguna empresa-marca) son los pobres resultados globales de esta campaña.

La ausencia de la responsabilidad social pública, ha desempolvado la ética de las empresas. Pero resulta que la ética empresarial (RSE) sigue apostando a que el egoísmo individual, la competencia y la codicia logren, sin intervención del Estado, el bienestar social. Que la mano invisible del mercado, que reza el liberalismo, logre la armonía universal preestablecida ¡Divino arquitecto!

Pero podemos inferir, aunque los promotores del capitalismo con rostro humano (en contraposición al llamado “capitalismo salvaje”) no lo expresen tan cínicamente, que la pauperización de los trabajadores, la miseria, la explotación salvaje, los bajos salarios, el trabajo de los inmigrantes, todo eso es necesario para que funcione el capitalismo sin apellidos. La mano invisible del mercado debe actuar sin trabas morales, metafísicas u ontológicas –responsabilidad empresarial- y, por tanto, políticas. Entonces, ¿Cómo podemos esperar que el corazón de los empresarios sustituya a la mano invisible del mercado?

* Noel Perez es miembro del colectivo Amauta. Colectivo cuya tarea es la formación política. Funciona en el Hotel Bauen (recuperado por los trabajadores) en Buenos Aires.


Notas

1- Caggiano, Sergio. Lo que otro cuenta: Bolivianos en dos ciudades argentinas. Sociedad receptora y discriminación (encuentroconosur@jounarlist.com)
2- Al respecto se puede consultar la edición del periódico Renacer, de la colectividad boliviana en Buenos Aires, en su edición de la 1ra. Quincena de Junio, donde informa acerca de la presentación de la investigación “Quién es quién en la industria de la indumentaria” (www.renacer.com.ar). También en www. Interrupción.net.
3- Novoa, Fernández Sandra. Responsabilidad social: ¿puro cuento?, artículo publicado en el Mercurio de Chile del 23 de noviembre de 2003.