Che Guevara: bronce, carne y hueso

Reivindicar a una persona, a un hombre con un peso importante en la historia mundial no es poca cosa; pero si le vamos borrando con el codo su obra, se va haciendo cada vez más amplio, como una bolsa de gatos, cada vez más compatible con discursos de lo más diversos.
Y hay varias cosas con las que el Che no es compatible.



Sarpullido me sale en las manos, lo veo al Che todo bronceado, parece que hubiese estado en Punta del Este todo el verano. Se ve que a los guerrilleros en el siglo XXI se los trata de otra forma, antes se los perseguía, se les mandaba ejércitos, se los torturaba y todo eso, ahora los quieren en sus plazas, quietitos, pero bronceados.
Un monumento congela una imagen de una persona y la cristaliza, la idea no es discutir el concepto de monumento porque no me siento lo suficientemente preparado para hacerlo, pero si puedo hablar del Che y de su nuevo bronceado.
A este tipo barbudo no se lo pudieron sacar de encima, hubo muchos que trataron, pero no pudieron, les vuelve hasta en los sueños. Entonces a algunos se les ocurrió banalizarlo, convertirlo en un logo, darle un uso de mercado. Salió bien esa idea, pero no dejaba de estar ahí su cara con esa mirada firme, que te llega hasta las entrañas. Una gran parte solo lo usará para la remera y nada más, pero otros de vez en cuando se les ocurre ir a sus ideas, rescatar su práctica política.
En casi todas de las escuelas argentinas la historia se enseña como una acumulación de fechas, personas y guerras. Los próceres son personas importantes, con himnos, calles, ciudades y hasta clubes de futbol. Muere asi la historia; se convierte en una lista de datos que no tiene relación con el presente; se vuelve superficie, ajena a todo lo que nos pasa y a lo que nos podría llegar a pasar.
Lo que se busca combatir, desde algunos sectores de izquierda no mayoritarios en este país, es la billikenización [referencia a la revista comercial BILLIKEN, dirigida a los niños] del Che. Pero la idea no es cargar tintas contra la idea del monumento en sí, que aunque sean de escaso nivel de confrontación y carezca de una politización real, no es un hecho negativo y la idea no es repudiarlo, sino llenar de contenido esta y toda iniciativa que se haga por el Che. El hecho más siniestro, más perjudicial para la salud de nuestros pueblos, es que se busque banalizar el pensamiento y la práctica concreta de Guevara. Reivindicar a una persona, a un hombre con un peso importante en la historia mundial no es poca cosa; pero si le vamos borrando con el codo su obra, se va haciendo cada vez más amplio, como una bolsa de gatos, cada vez más compatible con discursos de lo más diversos.
Y hay varias cosas con las que el Che no es compatible.
Para empezar, todavía no estamos en un país justo, ni en un mundo libre de opresión y explotación. Por lo tanto el mensaje del Che de luchar en contra de las injusticias sigue vigente, la imagen de este hombre no puede significar nunca conformismo ni apatía.
En segundo lugar, el imperialismo no es un recuerdo polvoriento del pasado, no es un mecanismo diluido en los capitales financieros. Sigue existiendo en el norte un país hegemónico que invade naciones, roba recursos naturales, ocupa países subdesarrollados con sus multinacionales y combate abierta y clandestinamente a todos los gobiernos que se oponen a su libre mercado, a su libre comercio, a sus libres tratados que favorecen el efecto anti gravitatorio que en este mundo siempre logra que los capitales, los recursos naturales y las tecnologías se vayan para arriba y no caigan nunca para abajo, donde estamos los que menos tenemos.
El efecto anti gravitario sigue en pie, y cuando pueblos como el venezolano, el cubano o el boliviano intentan torcer esa costumbre anti natural, vienen de afuera fuertes impulsos, fuertes como el zonda, preparados para tumbarlos. Como en los setenta existió ese plan Cóndor, donde el cóndor era Estados Unidos pero fueron las aves de rapiña de acá, las burguesías carroñeras, quienes lo implementaron. Esos buitres siguen existiendo y siguen alimentándose de los restos que les dejan las potencias, los cóndores, las águilas y los halcones extranjeros.
Entonces Guevara no es compatible con todo. No puede coexistir con los que privatizan nuestros recursos, ni con los que hablan mucho pero no los estatizan. Guevara no es compatible con los gobiernos que se suman a la lucha en contra del “terrorismo”, ni con los que votan leyes “anti terroristas”. Guevara no va de la mano con el neoliberalismo, ni con los que maquillan el sistema para darle un rostro más humano.
Porque los que tildan al Che de idealista, los que le hacen un monumento sin ningún arma en la mano, rescatan la “parte humanista” de su pensamiento. Su humanismo no es ni más ni menos que su praxis política. Y esto implica luchar por una sociedad en la cual la construcción del “hombre nuevo” sea posible, y ese hombre nuevo, quiéranlo o no, aunque les haga ruido, tiene necesariamente un fusil en la mano. Y no tiene un fúsil porque es terrorista, tiene un fúsil para no perder su dignidad.
A los pueblos que luchan por su libertad les cuesta caro enfrentarse contra el imperialismo, contra los capitales monopólicos, contra los ejércitos traidores y las fuerzas represivas del Estado. Ha costado millones de vidas la lucha por la dignidad del ser humano en todo el mundo y especialmente en Latinoamérica. Todo lo que se consiguió y lo que queda por conseguir, ¿no tenemos que defenderlo? ¿Y cómo lo defendemos ante un enemigo perverso al que le corre sangre fría? ¿Cómo nos defendemos de los que quieren mantener intactos sus recursos económicos? ¿Qué hacemos ante los que cuando tienen que invadir, invaden y cuando te tienen que desaparecer, te desparecen?
Las ideas del Che eran armas, armas de combate que todavía muchos seguimos usando, pero si no acompañamos las ideas con la acción, nos paralizamos, nos quedamos quietos como una estatua, y es eso lo que no tenemos que permitir: que lo paralizen al Che y así nos quieran paralizar a nosotros.
Hay que seguir en movimiento, no hay que dejar de sentir las injusticias y hay que luchar –sí, de nuevo ese verbo sobreexplotado, gastado y maltrecho- contra los que no les gusta que en el sur haya dignidad, y que exista gente cansada del robo constante, de los gobiernos entregadores que cambian de cara pero siguen esclavizando y oprimiendo.
Por eso hay tumbar lo establecido, lo que esta naturalizado y hace posible que la injusticia se mantenga y la mayoría no reaccione, y lo vamos a tirar cuando se lo cuestione en el discurso y en la acción, desde su principio hasta su fin, cuando nadie se calle y podramos revolucionar una y mil veces la historia, y así poder crear, poder ser, de verdad y no como si fuera un superhéroe, el hombre nuevo, el hombre nuevo de carne y hueso y no de bronce.